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El peso bajo y los dolores menstruales ¿Están relacionados?

20 de Mayo del 2015

El dolor con la menstruación afecta significativamente la calidad de vida, sobre todo a adolescentes y adultas jóvenes, principalmente cuando son de intensidad moderada a severa, volviendo uno a tres días al mes, momentos de nula o poca actividad.


Si bien para que un problema se vuelva persistente tiene que existir una predisposición individual, muchas veces esta predisposición es precipitada por factores en el estilo de vida que se pueden corregir.


Hemos hablado mucho sobre los riesgos que produce el sobrepeso sobre la actividad del ovario, el patrón de menstruación y el dolor menstrual. Si bien las alteraciones no ocurren en todas las mujeres que tienen sobrepeso, la presencia de estas alteraciones es más común cuando la paciente comienza a ganar de peso a expensas del tejido graso.


Pero así como el sobrepeso o el exceso de tejido graso en el cuerpo afecta la actividad del útero y los ovarios, el tener poca masa muscular y poco tejido graso, lo cual se refleja en un peso muy bajo (18.5 de índice de masa muscular o menos) también se ha asociado a un aumento significativo de dolor con la menstruación.


Y esto se da principalmente por que al tener poca masa muscular no hay manera de aprovechar bien le energía rápida de los alimentos, mediada principalmente por los carbohidratos simples, y con ello afectar la actividad de ciertas hormonas que permiten una adecuada contracción y relajación de los músculos, entre ellos el músculo uterino.


Si bien algunas mujeres son de contextura delgada, en muchas el priorizar alimentos poco diversificados o disminuir la ración de los alimentos exponen a tener mayor probabilidad de deficiencia de ciertos nutrientes esenciales para una adecuada contracción muscular sin dolor asociado. Es decir, en estos casos extremos es posible una mala nutrición y con ello una mala funcionalidad del músculo uterino que intensifica el dolor.


Las deficiencias de vitaminas del complejo B, de la vitamina D y le presencia de un hierro crónicamente bajo en los tejidos favorecería el dolor muscular con la menstruación.


De otro lado, favorecer la ingesta de sustancias pro inflamatorias que se encuentra principalmente en alimentos cocidos con aceites refinados (frituras y otros) con disminución o nula ingesta de fuentes antiinflamatorias naturales presentes en aceites naturales como el olivo, de pescado no cocido y en frutos secos podría contribuir a mayor riesgo de dolor menstrual.


Es sabido que con las presiones de estudio y laborales que se someten actualmente la mujer joven, es más probable que la calidad de la comidas no sea la idónea, así como las horas de sueño y los niveles de estrés contribuyendo con ello a mayor probabilidad de perpetuar el dolor menstrual.


Mucho es malo y poco es malo, encontrar el punto medio metabólico es importante en aquellas pacientes que sufren de molestias tan limitantes como el dolor menstrual.