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ARTÍCULOS IMM

Herpes genital, Prevención y tratamiento

19 de Febrero del 2014

El herpes genital ocasiona lesiones tipo ampollas muy pequeñas y agrupadas que suelen ser muy dolorosas, normalmente llenas de líquido claro.


Al poco tiempo estas vesículas o ampollas se rompen ocasionando úlceras superficiales que ocasionan ardor y dolor, las cuales en uno o dos días generan una costra y sanan lentamente en 7 a 14 días sin dejar cicatriz.


Estas lesiones son ocasionadas por un virus que se transmite por contacto sexual y que clásicamente se dividen en dos sub tipos: el tipo 1, asociado a los casos de herpes bucal; y el tipo 2, asociado al herpes genital.


Sin embargo, con el sexo oral, cualquiera de los tipos puede afectar ya sea la zona genital o la zona bucal.


El riesgo de contraer el virus es significativamente mayor cuando se toca la piel de la persona que tenga en ese momento las lesiones asociadas al virus llámese ampollas o úlceras.


No siempre que se contrae el virus se desarrollan los síntomas. Muchas personas portadoras del virus nunca presentan úlceras o tienen síntomas muy leves que pueden confundirlos con picaduras de insectos u otra afección cutánea.


Algunas personas luego del primer brote no vuelven a tener otro, otras sólo una vez al año y en pocos casos los brotes son muy frecuentes.


Como todo virus, una vez adquirido no se puede curar y como toda infección de transmisión sexual la única manera de reducir el riesgo de contraerlo es utilizando el preservativo de latex, relaciones estables y una buena comunicación para establecer si la pareja puede tener el virus y evitar el contacto sexual durante los brotes.


Si bien en la mayoría de brotes no hay ningún desencadenante obvio se ha visto en algunos casos que se asocia a factores que dañen la actividad del sistema de defensa por estrés ya sea físico o emocional y traumatismos en la zona afectada.


Si el herpes es muy recurrente lo cual no es lo habitual hay que buscar si han aparecido disbalances nutricionales o metabólicos que pueden afectar de modo persistente la actividad del sistema de defensa.